MANIFIESTO ASPAU – 2 de abril de 2026

MANIFIESTO 2 DE ABRIL 2026

Desde la pandemia, no habíamos formulado un manifiesto con motivo del 2 de abril.
Echando la vista atrás y releyendo nuestro último manifiesto, nos encontramos con que la situación no ha evolucionado demasiado favorablemente.

Hablábamos entonces de diagnósticos tardíos, de plazos para el reconocimiento de la discapacidad, plazos para la concesión del grado de dependencia…
Aspectos que, a día de hoy, siguen siendo un grave problema porque, lejos de mejorar, estamos retrocediendo.

Cada atisbo de luz, cada conquista conseguida, viene acompañada de un nuevo revés.
Hablábamos de la Ley de Dependencia como un salvavidas, pero para muchas familias se ha convertido en un naufragio administrativo.
Las familias pueden cubrir las terapias especializadas en autismo para sus hijos y pueden optar a la figura de la PATI.
No obstante, estos recursos se están viendo mermados, ya no solo por los plazos de espera cada vez más largos y la tardanza en los pagos, sino también por el sistemático recorte en la concesión de grados de dependencia.
Un recorte invisible que se produce a nivel administrativo, pero que las familias sienten de forma directa.
Nos enfrentamos a un “equipo técnico” que, sin mirar a los ojos a nuestros hijos, tacha un grado de dependencia desde un despacho, contradiciendo al evaluador que sí estuvo en casa. Esto obliga a las familias a decidir si gastan su dinero en litigar para obtener un grado de dependencia justo o si lo destinan a las terapias que necesita su hijo.

En educación, el sistema presume de inclusión. Pero lejos de contar con más recursos y más formación para una inclusión real, se opta por hacinar a los niños autistas en aulas UECO genéricas, aumentando ratios sin aumentar el personal. Un personal que cambia cada año y cuyas bajas tardan meses en cubrirse.
Y ya no hablemos de secundaria, en la que parece que las personas autistas, al cumplir los 12 años, tengan que desaparecer. Los centros les invitan a irse a otros lugares «con más recursos». Pero lo que en realidad quieren decir es que nuestros hijos estorban en el sistema ordinario; les invitan inexorablemente a la educación especial, vulnerando el decreto de inclusión y disfrazándolo de “libre elección de las familias”. Pero no, eso no es libre elección: es que se les enseña la puerta para que las familias, hartas de pelear con el sistema, la crucen.
El decreto de inclusión defiende el derecho fundamental a una educación inclusiva y de calidad; incumplirlo supone una vulneración directa de los derechos de las personas autistas.

No podemos permitir que se escuden en una falta de recursos para excluir a las personas autistas de la sociedad, ya sea en las escuelas, en lugares lúdicos o deportivos, ni por supuesto en el ámbito laboral.

Si en la ciudad es difícil, en los pueblos es una carrera de obstáculos sin meta. La falta de recursos en el medio rural no es una carencia, es una sentencia de aislamiento para la persona autista y su familia.

En este 2 de abril hacemos un llamamiento a la sociedad y a las instituciones para que trabajemos unidos, desde un enfoque global y transversal, afrontando los desafíos de forma colectiva en vez de mirar hacia otro lado. El autismo no es un problema que gestionar, es una realidad que acompañar.

El autismo es visible, el autismo está en las aulas y en la sociedad; no se puede pretender ocultarlo ni hacer como que no existe. Se necesita voluntad para reconocer esta realidad y abordar las barreras y dificultades que surgen cuando no hay suficientes apoyos. La voluntad es lo primero y, lo segundo, se necesitan recursos reales y sostenibles que permitan una verdadera inclusión y una mejor calidad de vida para las personas autistas y sus familias.

Es por esto que desde ASPAU lanzamos esta propuesta en forma de manifiesto. Por una sociedad más justa y más inclusiva, en la que se tenga presente el AUTISMO y se proporcionen los recursos necesarios para una vida plena en sociedad. Porque una sociedad no está completa si deja atrás a una parte de sus miembros; solo será verdaderamente justa cuando todas las personas, incluidas las autistas, puedan participar y contribuir plenamente.

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