Escuela de Padres: charla sobre el sueño. Resumen y Presentación.

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Dentro de la Escuela de Padres de Aspau, el jueves 12 de mayo, el Dr. Gonzalo Pin Arboledas nos ofreció una interesante charla sobre el sueño en los niños con TEA y su importancia en la calidad de vida, no solo de los propios niños, sino de sus familias.

Destacamos que el Dr. Pin es Especialista Universitario en Medicina de los Trastornos del Sueño, y Coordinador de la Unidad del Sueño y de la Unidad Integral de Pediatría del Hospital Quironsalud de Valencia, además de un excelente comunicador que alentó a los asistentes a preguntar y compartir dudas a lo largo de la charla.

Compartimos la presentación, que amablemente nos ha proporcionado, en respuesta al creciente interés de las personas que no pudieron acudir presencialmente, advirtiendo que aunque aportemos algunas pinceladas de lo expuesto, no alcanza a abarcar más que una pequeña parte de todo el contenido.

El Dr. Pin comenzó explicando las características del sueño en general, tal y como atañe a todas las personas, aclarando que el sueño es un ciclo de 24 horas (y no sólo de las 8, o 6, o 10 que pueda dormir una persona). Es decir, que lo que hacemos durante el día influye en la calidad y duración de nuestro sueño (de manera rutinaria, más allá de que haya días de mayor actividad en las que evidentemente, se suele dormir más profundamente).

En este ciclo hay diferentes momentos de sueño, y de vigilia: no estamos igual de despiertos durante todo el día, ni igual de dormidos durante toda la noche. En los momentos de menor profundidad de sueño nocturno es más fácil que se produzcan despertares, por eso los niños que se despiertan por la noche tienen la tendencia a despertarse siempre sobre la misma hora.

El Dr. Pin clasifica a los niños en dos grupos, respecto al sueño: las personas alondra, que se duermen pronto y se despiertan temprano, y las personas búho, que se duermen tarde y por tanto se despiertan tarde. Esta clasificación es independiente de la calidad del sueño de cada uno, y normalmente se mantiene a lo largo de nuestra vida. Es importante observar a qué grupo pertenece el niño a la hora de establecer las rutinas para mejorar la calidad del sueño.

A partir de ahí, el Dr. Pin fue desgranando características y circunstancias que influyen en la calidad del sueño y sobre las que se puede intervenir de diferentes formas.

Recalcó la importancia de una buena higiene de sueño, estableciendo rutinas que la favorezcan, algunas generales, como no exponer a los niños a pantallas al menos desde dos horas antes de la hora de acostarse, o no dejar luces encendidas en la habitación (y si esto es imprescindible, que sea de color naranja, que tiene menor impacto al afectar menos a la producción de melatonina); y otras específicas de cada niño, como la rutina de ponerse el pijama, lavarse los dientes, acostarse, si se lee con él antes de dormir… Es importante que haya una clara diferenciación entre el día y la noche para no alterar el ritmo circadiano, e igualmente importante ajustar nuestras expectativas como padres a la respuesta de cada niño (no todos los niños duermen la misma cantidad de tiempo, y dormir menos horas no supone dormir peor).

También explicó que en ese ciclo de 24 horas, hay que proporcionar mayor exposición a la luz, y mayor actividad física en la primera parte del día. Cuanta más luz por la mañana, mejor dormiremos. De igual modo, un desayuno rico en triptófano (es decir, lácteos  e hidratos de carbono) también contribuye a mejorar la calidad del sueño.

Hay que tener en cuenta que entre el 50% y el 80% de los niños con autismo tienen trastornos del sueño, y no es cuestión de “suerte” que “te toque un niño que duerme bien o mal”, sino que el insomnio en niños con TEA puede tener una base conductual, o también implicaciones neurológicas, por lo que conviene estudiarla y tratarla. Las dificultades de sueño son tratables, y deben ser tratadas por un profesional.

La primera opción terapéutica es siempre un tratamiento educativo conductual, pero si este no es posible o no resulta efectivo, se puede recurrir al tratamiento farmacológico.

Respecto a la melatonina y su uso para regular trastornos del sueño, indicó que en el caso de los niños con TEA, los estudios revelan que tienen un mayor nivel de cortisol que los niños normotípicos, lo que aumenta su nivel de alerta y hace disminuir su producción de melatonina, que es la hormona que regula el sueño. Por eso en el caso de trastornos del sueño se puede prescribir la melatonina como una herramienta más. Hay estudios a largo plazo del uso de melatonina en niños con autismo y no se observan efectos secundarios remarcables. 

En el caso de que se prescriba el uso de melatonina, el Dr. Pin destaca que es más importante cuándo se toma que cuánta se toma, y que la ingesta debe ser siempre al menos media hora antes o después de cualquier alimento. También es importante que se tome melatonina pura, no en compuestos ni asociada a otros productos (por ejemplo valeriana)

Un modo de regularizar la hora de dormir es potenciar la regularidad en la hora de despertarse, puesto que es difícil controlar la hora en que el niño se duerme, pero sí tenemos control sobre la hora en que se despierta.

Cuando un niño con TEA se despierta a media noche no hay que “dormirlo” sino desactivarlo, calmarlo antes, descubrir el motivo del despertar y trabajar sobre él, no ignorarlo pretendiendo que el niño se vuelva adormir rápidamente.

Dormir favorece la consolidación de la memoria, e influye en el aprendizaje, por eso en la intervención sistémica de los niños con autismo las dificultades del sueño son una cuestión que se debe detectar y tratar adecuadamente. Los problemas de sueño se relacionan con mayor agresividad, ansiedad, hiperrespuesta a estímulos sensoriales, y en definitiva, peor calidad de vida.

Además, que un niño tenga mala calidad de sueño implica que al menos uno de sus progenitores también lo tenga, afectando pues a todo el entorno familiar

En definitiva, la calidad del sueño depende de dos variables: el tiempo que duermo y la profundidad con que duermo. La relación entre ambas variables es diferente en cada persona, no hay un patrón único y hay que observar a cada niño para descubrir su patrón y trabajar sobre él. Hay que tener en cuenta que el 60% de cómo duermen los niños depende del ambiente y el 40% de factores biológicos.

Finalmente, el Dr. Pin ofreció a los asistentes la posibilidad de participar en un grupo de trabajo de estudio del sueño, con la realización de un registro y agenda del sueño y reuniones periódicas para intentar mejorar  los trastornos de sueño que se observen el niño.

Una interesantísima charla que nos ha ayudado a comprender mejor las circunstancias que influyen en el desarrollo de nuestros hijos, en su aprendizaje y en su calidad de vida.

 

 

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